El infierno

Avanzaba a través de una densa niebla, apenas veía más allá de un paso. Tenía la impresión de que no respiraba, caminaba pero era como si flotara. Un hombre se me acercó y con voz solemne me dijo.

Estás a las puertas del juicio final.

Una enorme puerta apareció ante mis ojos y se fue abriendo lentamente hasta tragarse toda la niebla. Un pensamiento fugaz me pasó por la mente: estaba muerto. No sabía lo que me sucedía. Intentaba recordar, pero era inútil. Me palpé nerviosamente: podía tocarme… no era mi cuerpo lo que yo tocaba, era algo desconocido, podía sentirlo, pero no era mi piel; yo diría que era sólo la sensación de tocarme. La idea de la muerte me llegó en todo su descomunal realismo: estaba muerto, no sabía cómo, pero estaba muerto. La muerte había dejado de ser un sueño para convertirse en una realidad. Cuantas veces soñé con la muerte, cuantas veces grité de terror al caer de un edificio, y cuantas moría de un balazo en la cabeza. Ahora que me llegó la hora, la aceptaba con resignación filosófica: había dejado de existir.

El hombre reapareció nuevamente y me indicó que lo siguiera. Entramos en un salón, no me fue muy difícil percatarme que aquello era un tribunal, comprendí que iba a ser juzgado. Un ligero sobresalto comenzó a invadirme. A una señal del individuo me senté en la primera fila.

Uno de los Angeles, tenía dos alas enormes, comenzó a hablar.

Va a comenzar el juicio final, se encuentran presentes el representante del reino de los cielos, el representante del reino de los infiernos y el representante del reino de la nada. Que comience el representante del cielo.

¡Pecado mortal! ¡No creía en Dios! Jamás fue a misa, no bautizó a ninguno de sus hijos, contrajo matrimonio cuatro veces y ninguno por la Iglesia, además fue infiel. ¡El cielo le cierra sus puertas!

Sus palabras eran secas, cortantes, agudas. Sentía como si me desgarraran las entrañas.

Va a hablar el representante de la nada dijo nuevamente la voz.

Al cielo está claro que no puede ir, no creía en Dios y eso lo invalida. Pero al Limbo, no veo razón para que no pueda venir con nosotros. Se graduó de sociólogo, impartía clases de filosofía, ha escrito artículos. Entendemos que es una mente fructífera. El limbo le abre sus puertas.

¡Protesto! dijo el representante del infierno . El representante de la nada olvida algo. El está aquí porque se suicidó y siguiendo el razonamiento de mi colega, eso lo invalida para ir al Limbo. Sí, porque ese pecador, que esta ahí sentado, renunció a su vida por lo que está muy claro, clarísimo, que no puede ir al Limbo, por muchos méritos que pueda tener.

¿Me suicidé? Eso es absurdo, debe haber un error.

Porque ese hombre se suicidó, iba en su auto a más de 190 Km/h y luego se lanzó por la cuneta.

¿Por qué no recuerdo nada? No sé de qué está hablando.

No veo por qué tiene que ser intencional dijo con voz pausada el representante del limbo . Simplemente patinó.

Simplemente patinó. ¿Patinó?… Se suicidó. Ese hombre estaba cansado de vivir. Ultimamente no deseaba otra cosa y sus pensamientos así lo demuestran.

Estaba pasando por una crisis. Otras veces le había sucedido y la rebasó. Fue sólo su mala suerte que le jugó una mala pasada, no se puede pasar por alto que había llovido y la carretera estaba mojada.

Pero deseaba la muerte.

¡Oh, no! Cómo se atreve a juzgarme por mis pensamientos. Yo he pensado muchas cosas en mi vida que nunca he llevado a cabo. Eso es ridículo. Si me juzgan por los pensamientos creo que hasta el infierno me queda chiquito, porque podrían acusarme hasta de asesino.

No es por sus pensamientos que se le debe juzgar y mientras decía esto me dirigió una mirada tranquilizadora . Si no por el acto de ir a excesiva velocidad por una carretera peligrosa, y en mi opinión no hay tal suicidio. Y no veo la dificultad para que vaya al Limbo.

Yo lo considero culpable de intento de suicidio y no sólo por sus pensamientos. Incluso se lo confesó a un amigo, y cito sus palabras: “He perdido toda esperanza, este mundo no significa nada para mí” y posteriormente escribiría en su diario: “Deseo morir, ya nada me interesa”.

Eso sólo demuestra que estaba muy deprimido y tenía razones para estarlo. Su esposa lo abandonó meses antes…

¿Por qué ella lo abandonó? Porque él la había estado engañando con una de sus alumnas de Filosofía.

No lo discuto. Sólo quiero resaltar sus fracasos y demostrar que tenía razón para estar deprimido. Porque precisamente esa alumna lo dejó por otro profesor más joven que él, esto, unido al divorcio de su esposa, a que su mejor amigo escribió un libro con las ideas que él mismo le expusiera, y para colmar la copa, pierde la plaza de rector por intrigas de otro profesor. Sí, es un hombre con mala suerte. Lo que para otro era fácil a él le costaba grandes esfuerzos y muchas veces otro se llevaba el triunfo. Tenía derecho a estar cansado.

Fue entonces cuando el representante de los infiernos se puso de pie, y comenzó a moverse de un lado para otro, mientras hablaba.

Al paso que vamos nadie irá al infierno, siempre se en¬cuentra alguna razón para enviarlos al limbo; este porque es trabajador, el otro porque hizo carrera, aquel porque era artis¬ta. ¿Y los pecados? ¿Dónde dejan los pecados? ¡Estamos violando las normas establecidas! Ese hombre no sólo es un pecador, sino que es un suicida, alguien que no quiere vivir y a pesar de eso lo vamos a obligar a que reencarne. Se están perdiendo los dignos principios para los cuales fuimos creados. Se están alterando las leyes sagradas. Se está rompiendo el equilibrio y estamos en peligro de crear el caos. ¡Es hora ya de tomar una determinación!

Se somete a votación dijo la voz.

La votación fue muy cerrada. Hubo muchas abstenciones. Pero el veredicto final fue…¡El infierno!

El miedo que hasta entonces sentía se convirtió en ira, comencé a proferir ofensas, estaba cumplido. Terminé desafiándo¬los a todos, incluso a Dios, me volví como loco. Me tomaron por ambos brazos, yo gritaba y forcejeaba. Luego me empujaron y sentí como rodaba por un barranco; daba vueltas chocaba con otros cuerpos, que también caían. Escuchaba gritos que venían de todas partes; mientras rodaba entre empujones y gemidos tenía los ojos cerrados, quería abrirlos pero no me atrevía. Caía en silencio, resignado con mi mala suerte, tropezando con cuerpos desnudos, escuchando sus lamentos, sus gritos de auxilio. Yo estaba cansado, agotado, ya todo me daba igual. Al fin choqué con algo duro y dejé de descender.

¿Y si estuviera soñando? pensé . Esto debe ser una pesadilla.

Alguien me hablaba, al fin abrí los ojos.

Ante mí había un hombre que me miraba sonriente. Era la primera sonrisa que recibía desde que había muerto.

Contrariamente a todo lo imaginado, su voz era dulce, su rostro sereno, su belleza casi femenina. Tenía largos cabellos rubios y grandes ojos azules. Me recordaba más a un ángel que a un…

¿Quién?…¿Quién eres tú? pregunté.

Lucifer.

El dia blo dije con voz temblorosa.

No temas dijo él.

No, por supuesto le respondí tratando de dominarme.

Crees que has perdido el cielo y no es así.

¿Cómo? pregunté desconcertado.

Debes alegrarte de no haber sido enviado al cielo. Ven, ven conmigo.

Como hechizado seguí tras de él. Tenía un paso majestuoso y su figura era solemne, no podía imaginarme que aquel hombre fuera el diablo. “Todo esto es muy raro” pensé.

Nos detuvimos ante un abismo, donde parecía que se terminaba el mundo, no se veía nada, ni sol, ni nubes, nada. Sólo una infinita transparencia que lo llenaba todo, como si estuviera frente a un enorme cristal incoloro.

Ahora vas a ver al cielo y a sus habitantes dijo Lucifer.

El espacio vacío comenzó a cubrirse de colores y figuras.

Es sólo una representación del cielo. Aclaró el diablo.

Un hermoso paisaje se vislumbraba: árboles, flores, hermosos animales, aves de colores.

También en el infierno tenemos paisajes bellos dijo Lucifer.

Apareció una joven rubia de pelo largo. Caminaba cabizbaja, con las palmas de las manos unidas a la altura del pecho y los dedos muy próximos a la barbilla, un joven pasó frente a ella pero ellos parecieron no verse. Siguieron su camino en silencio. Ambos movían los labios, como si rezaran.

¿Qué te parece? me dijo el diablo.

¿Y se pasan la vida así? pregunté.

Su destino es rezar, se pasan su existencia agradeciendo eternamente a Cristo el hecho de haberlos elegido. Ellos creen que se han salvado. ¡Mira!

Todos comenzaron a aglutinarse y a ponerse de rodillas, ante ellos surgió la imagen de Cristo; se escuchaban cantos y oraciones, se veían caras llenas de éxtasis. Aquello recordaba algo así como un concierto de los Beatles ante una multitud de fanáticos.

Se escuchaban fervientes plegarias, mientras ponían los ojos en blanco y suspiraban. Una vez retirado Jesucristo; algunos permanecían aún inmóviles como estatuas, otros lloraban, se supone que de alegría, y no faltaba quienes besaban la tierra por donde había pisado. Después volvían a sus paseos, cabizbajos, en silencio; siempre rezando.

¿Por qué rezan tanto? pregunté.

¿Y qué otra cosa pueden hacer? ¿Sabes lo que hizo ese señor con ellos?

No. ¿Qué hizo?

Los privó de la pasión, los convirtió en seres incapaces de sentir, sólo viven en constante beatitud. No sienten penas, pero tampoco sienten la alegría, son incapaces de emocionarse por nada, ni nadie, ¡son zombies! Ellos sólo aman a ese engreído. ¡Lo veneran como a un dios!… ¡Ese! ¡Ese es el cielo que te cerró sus puertas! Sin embargo el infierno… eso es otra cosa.

¿Y cómo es el infierno? pregunté interesado.

Aquí todo es alegría y placer…

Como sociólogo que fui, hay algo que me interesaría saber: ¿cómo surgió el cielo, el infierno y el limbo?

Originalmente comenzó a decir en tono solemne Lucifer en el universo sólo existía el reino de la nada, el cual estaba poblado por Dios, quien sintiéndose aburrido empezó a crear otros dioses entre ellos Cristo y yo. Según se dice: creó el universo, la vida y todo lo que existe.

¿Cómo, que se dice?

Si, yo jamás he hablado con Dios, ni siquiera lo he visto.

¿Y nadie lo ha visto? pregunté intrigado.

No, nadie.

¿Y Cristo? ¿Tampoco lo ha visto?

Nadie respondió airado.

¿Y dónde vive?

No se sabe, es muy posible que viva en el Limbo.

¿Y por qué no se deja ver?

Se dice que no tiene forma, que es algo etéreo… en realidad sabemos muy poco. Como puedes ver, con respecto a él somos tan ignorantes como los mortales.

Se hizo un corto silencio y después Lucifer continuó.

Cristo, decidió crear el cielo, como recompensa a los buenos, yo al principio lo apoyé. Pero con el tiempo descubrí la monstruosidad de su obra. Me di cuenta que esa no era la recompensa que los mortales necesitaban y decidí crear el verdadero paraíso; un mundo de placer y felicidad, donde no existiera la miseria y que todos fuesen libres, libres de hacer lo que le plazca; y entonces fue que creé ¡el infierno!

Pero…¿entonces? porque siempre nos han mostrado el Infierno como algo malo.

Eso fue idea de Cristo, como para entrar en el cielo se pedían tantos requisitos, su reino siempre estaba vacío. Las criaturas puras y perfectas no existen. Entonces decidió el mismo predicar sus doctrinas bajo el nombre de Jesús, pero lo que hizo fue difamar sobre mi y crear iglesias para ganar devotos. El fue quien levantó todas esas calumnias contra mí y mi reino.

¿Y el Limbo?

Bueno, en realidad… inicialmente todos iban para el Limbo hasta que surgió la idea de crear el cielo para los “perfectos” y como Dios dio su aprobación a través de un mensajero, nos dimos a la tarea de crear el cielo. Como te dije, poco después yo desistí de esa idea y propuse la creación del infierno. Pero ahí estaba el problema; como al cielo iban los santos y al Limbo los normales y como el Limbo lo atiende Dios, no me quedo mas remedio que pedir para mi reino a los… indeseables. Pero eso no importa, aquí todos son felices, y tú también lo serás. No tendrás que trabajar más, dormirás hasta la hora que se te antoje, comerás cuanto quieras sin temor a engordar, jamás te pondrás viejo, no padecerás de ninguna enfermedad, tendrás cuantas mujeres desees; aquí no hay imposibles. Te aseguro que serás eternamente feliz.

Sin dudas pensé . ¿Podría alguien desear algo mejor, ¿no era este el sueño de toda la humanidad? Esta era la verdadera gloria, no aquel paraíso lleno de beatitud. Esto si era vida, una vida plena de sensaciones, una vida intensa, llena de placer.

Además la voz bien timbrada de Lucifer truncó mis pensamientos podemos simular, los lugares de tu vida anterior que más te han gustado; cabarets, restaurantes y hasta lugares que en vida nunca llegaste a visitar y otros con los cuales ni soñaste. Te repito aquí nada es imposible; aquí nada está prohibido. Eres libre; libre de hacer cuanto desees. No existen leyes, ni inhibiciones de ningún tipo. ¡Un mundo completo de emociones y goces, te espera!

Fantástico, quién me lo iba a decir: poder hacer cuanto me plazca, dirigir mi vida a mi antojo, disfrutar de la vida a plenitud. Esta vez me di cuenta que el diablo, perdón Lucifer, iba a decir algo y detuve mis euforicos pensamientos.

Dime tu primer deseo y será cumplido.

Pensé por algunos minutos y al fin dije.

¡Recorrer el infierno!

El diablo me miró asombrado, como si fuese el primero en toda la historia del infierno, que pide semejante cosa.

Eso es imposible, mi reino es enorme.

Bueno… entonces; recorrer una parte. Tengo gran interés en saber como se vive aquí, sobre todo a los que llevan muchos años. Ver qué hacen.

Me dio la impresión que su rostro palideció, me miraba confundido. Sin dudas, no estaba preparado para semejante deseo.

¿Por qué primero no descansas o te diviertes un poco?

Siempre tuve fama de testarudo por eso insistí.

No, sólo deseo conocer cómo se vive en el infierno.

¿Por qué? Me preguntó en voz baja, mientras sus expresivos ojos me miraban inquietos.

Tal vez porque soy sociólogo, bueno quise decir, porque fui sociólogo.

Sentía como sus pupilas, fijas, rastreaban mi alma. Heróicamente sostuve su mirada sin pestañear.

Está bien, si ese es tu deseo dijo gravemente.

Comenzó a enseñarme mujeres muy hermosas, alegres, con ropas muy ligeras; que al verme me sonreían y me invitaban a beber. Mi fina intuición me hacía sospechar de todo aquello: tenía la impresión que Lucifer trataba a toda costa de desviarme de mi objetivo. Habían mujeres para todos los gustos, bebidas de todos los tipos y todas las marcas de cigarros conocidas. Me acordé de Ulises cuando escuchaba el canto de las sirenas, me sentía igual, sólo que yo no estaba amarrado. Mis ojos se cruzaron con unos ojos negros, misteriosos, suplicantes. Pensándolo bien podía quedarme con ella un rato y luego seguir; pero no, ese era el canto de las sirenas, era una prueba que tenía que vencer.

Recorrimos ciudades antiguas y modernas, países hermosos, grandes cabarets y unos espectáculos jamás imaginados.

Mira a tu alrededor, todo es felicidad. ¿No te da envidia?

Hasta este momento no tenía la certeza de lo que quería. ¡Ahora si! Sabía lo que me proponía.

Sí, parecen felices. Pero no es esto lo que yo quiero saber.

¿Qué quieres saber? Aquí lo tendrás todo. ¿Qué más puedes desear?

Tú lo sabes, quiero conocer a los más viejos, a los que llevan miles de años en el infierno.

No puedo negarme a tu deseo, pero si pudiese me negaría. No tiene sentido lo que pides.

Quiero saber cuál será mi destino.

Esta bién… esta bién.

Pasamos delante de un grupo de hombres que estaban dándose golpes unos a otros. Uno de ellos cayó al suelo y los demás se lanzarón sobre él como perros rabiosos y le desfiguraron el rostro a patadas.

¿Qué es esto?

Juegan dijo Lucifer arqueando las cejas.

¿Juegan?

¡Si! Juegan. Ellos son felices así, descargando su violencia.

Se hizo un corto silencio.

Sigues insistiendo en recorrer el infierno.

Sí.

Cometes un grave error. Te pesará.

Por un momento dudé, sentí miedo de lo que estaba haciendo, tal vez después me arrepentiría. Pero ya era demasiado tarde. La duda estaba en mí. Tenía que continuar.

Mira, estos son los que más años llevan aquí.

Ante mí había un hombre semidesnudo amarrado, mientras otro pegaba un hierro candente a la piel del infeliz que daba terribles alaridos.

A ese hombre lo están torturando exclamé horrorizado.

Estás equivocado, no es lo que estás pensando.

El diablo hizo una seña y el hombre suspendió las torturas, el que estaba amarrado dejó de gritar, alzó la cabeza miró a su verdugo y le increpó.

¿Por qué te detienes?, sigue, sigue…

Y a otra seña de Lucifer continuó la tortura.

Estaba confundido todo aquello era tan absurdo.

¿Quieres seguir?

Sí respondí mecánicamente.

Llegamos a una piscina de la cual salía un olor fétido no fue difícil darme cuenta del contenido , que me produjo náuseas; me tapé la boca y la nariz, y me fui de allí tan pronto como pude.

Había dado algunos pasos cuando sentí los gritos desesperados de una mujer, alguien la tenía encerrada en un cuarto y ella espantada golpeaba la puerta y gritaba, me lancé sobre la puerta y la abrí. Ella salió temblorosa dio unos pasos tambaleantes y cayó sin fuerzas, temblaba de miedo, de sus ojos brotaban gruesas lágrimas, en su rostro deformado se podía ver la huella del mas profundo terror. Me lanzó una mirada extraviada, trató de decir algo pero los sollozos no la dejaban, poco a poco se fue reponiendo, al fin se puso de pie y luego de lanzarme una mirada iracunda se me vino encima en actitud agresiva, mientras forcejeaba conmigo, me gritaba múltiples ofensas. Lucifer tuvo que intervenir y explicarle que yo era nuevo y otras cosas mas para poder calmarla.

Realmente no me asombró lo sucedido casi que lo esperaba. Le pregunté a Lucifer que hacía esa mujer encerrada en ese cuarto.

Ella en su vida anterior le tenía terror a los insectos. Y ahora se hace encerrar en un cuarto en penumbras para que le vayan soltando por las hendijas cucarachas voladoras, alacranes, arañas peludas, etc.

Pero… ¿Por qué lo hacen?

Ellos son felices así.

¿Felices? ¡Son felices torturándose!

Parece que sí.

¿Parece?… Eso no puede ser.

Te lo advertí. Yo no quería…

¿Qué es lo que sucede?

Nada, ellos gozan con eso.

¿Gozar con eso?… ¿Y siempre se han comportado así?

No, al principio se divertían normalmente, pero según pasa el tiempo…

Después de un corto silencio continuó.

Nada de esto fue premeditado, nunca imaginé que pudieran suceder estas cosas. Mi interés era sólo que fueran felices. Que gozaran de las cosas que en vida no pudieron tener. Que no existiera la muerte ni la enfermedad, ni la miseria. Pero ya ves algo falló. ¿Tu no eres sociólogo? Saca tú mismo las conclusiones. Ahora descansa, ya por hoy has visto demasiado.

Sí, lo mejor era descansar. Hubiese sido mejor no saber nada. Pero… ¿Por qué terminan degradándose? ¿Cuál era la razón de esas horribles torturas? Tenía que descubrir el motivo, tal vez no me serviría de nada, pero necesitaba saber la verdad… La verdad.

Según el diablo, al principio se divertían normalmente, pero, con el tiempo… El pretendía que tuvieran todas las comodidades. ¿Que ocurriría cuando lo hubieran alcanzado todo? ¿Cuando lo hubieran probado todo? La preocupación no existe. No hay enfermedad, ni miseria. Además son inmortales. Sólo viven para el placer.

Respiré profundo, ahora todo se empezaba a aclarar. Ellos vivían para sí mismos. El diablo había creado un paraíso para seres egoístas, donde no existía el trabajo, ni el esfuerzo por la superación personal; era una vida fácil para personas sin ideales y teniendo en cuenta que al infierno no iban los mejores exponentes de la especie humana, sino más bien los peores, no era difícil una degradación paulatina. Además era un mundo donde el porvenir no existía; sólo días de placer, a la larga días iguales, que se repetían hasta el infinito, hasta agotar toda la gama de sensaciones posibles y producir el hastío de aquella vida inútil.

Ahora el problema estaba en que yo sabía lo que me esperaba, y no quería ese destino para mí. Ese era mi problema. Me pasé toda la vida tratando de encontrar mi propio camino, pero siempre terminaba en una barra “matando penas”. Así me evitaba el tomar alguna decisión ese día. Pero y al día siguiente: ¿qué? Vuelve a darle vueltas al asunto. Mujeres, fiestas… con eso sólo lograba evadirme… Mi vida ha sido una farsa, un engaño, como este infierno infeliz.

No sabía qué hora era, desde que llegué perdí la noción del tiempo. Estaba cansado: me dormí.

Han pasado tres noches desde entonces. El diablo vino a verme.

¿Qué piensas hacer ahora?

¿Puedes enviarme para el Limbo?

¿Para el Limbo?

Una leve sonrisa apareció en el rostro de Lucifer.

Es que hay algo que tú no sabes, el Limbo es un estado de transición. Allí descansan las almas que van a volver a reencarnar: otra vez a la vida, a sufrir como un mortal. ¡Entiendes! Volverás a sufrir enfermedades, miserias. Volverás a nacer y volverás a morir. ¿Aún así quieres ir al Limbo?

Sí.

Volverás a nacer.

Eso… eso es lo que quiero. ¡Volver a nacer!

No recordarás nada de tu vida anterior, tendrás que aprender de nuevo, ir a la escuela, trabajar, sufrir.

Lo sé.

Está bien, quizá sea una sabia decisión. En realidad mi reino no es lo que yo deseaba; tanto Cristo como yo, quisimos crear un reino más perfecto que el Limbo; pero parece que fracasamos.

Lucifer cogió el tridente, que es el símbolo del infierno, y me apuntó con él.

¡Quedas expulsado del infierno!

Me vi envuelto por una densa niebla. Me sentía flotando en el espacio, mientras una extraña sensación se iba apoderando de mí; era como si la mente se me fuese diluyendo en un enorme océano. Todo mi ser se iba desintegrando, lentamente me iba convirtiendo en nada. ¡Volveré a nacer! Fue lo último que pude pensar antes de ser absorbido por la nada.

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Acerca de Alejandro Madruga

Licenciado en Cibernética Matematica. Trabajo el tema de la Inteligencia Artificial desde 1986. He publicado articulos y ensayos sobre la Cibernetica y las tendencias tecnologicas. También he publicados narraciones de ciencia ficción
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