Evento BEHIQUE 2014

BEHIQUE 2014, en su 7ma edición dedicada al género Ciberpunk. Es un evento cultural cubano de  fantasía y ciencia-ficción de frecuencia anual dirigido a jóvenes y adultos.

unnamedLos días 1 y 2 de agosto se celebrará en el Centro Hispano-Americano de Cultura la 7ma edición del evento BEHIQUE, evento cultural cubano de fantasía y ciencia-ficción de frecuencia anual dirigido a jóvenes y adultos, organizado por el Proyecto Cultural para la Divulgación del Arte y la Literatura FAntástica (DiALFa) y el Centro Hispano-Americano de Cultura.
El evento es de libre acceso. Sesionará el viernes 1 de agosto a partir de la 1:00 p.m y el sábado 2 de agosto desde las 10:00 a.m. hasta las 5:00 pm, sita Centro Hispano-Americano de Cultura calle Malecón No.17 esquina Prado, Habana Vieja.

En esta ocasión el evento estará dedicado al género Ciberpunk. Se realizarán varias actividades como:
– Conferencias sobre el ciberpunk, y la ciencia ficción en general.
– Presentaciones de libros, y Charlas con autores.
– Panel: Novedades en Cuba y el mundo sobre el género fantástico.
– Reconocimiento BEHIQUE a personalidades y autores cubanos.
– Premiación del concurso ?Mabuya? en las categorías de cuento, historieta e ilustración.
– Premios Juracán al mejor libro cubano publicado seleccionado por el fandom.
– Encuentro de conocimientos.
– Exposición de artes plásticas y manualidades.
– Desfile de disfraces del género fantástico, literatura, cine, historieta, manga-anime.
– otras sorpresas?

Los interesados en participar en alguna de estas actividades, o ayudar, por favor comuníquense con nosotros:
dialfa.hermes@gmail.com
sheila@bpvillena.ohc.cu

El evento BEHIQUE se realiza gracias a la colaboración de escritores, artistas, y proyectos culturales como: Informativo Estronia, Taller Espacio Abierto, Proyecto Habana Cosplay, Proyecto Hikari Guild, Proyecto Cultural ?Anime no kenky??, Grupo Cultural Arcángel, y la Vitrina de Valonia.

Sheila Padrón Morales.
Coordinadora del Proyecto DiALFa

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Hacia una clasificación de la ciencia ficción.

1. Ciencia ficción (CF) dura: tratamiento riguroso de los temas con terminología científica.
2. Futurista: Civilizaciones futuras mas allá del año 3000. Fundaciones intergalácticas.
3. Humanista: Las consecuencias sociales, morales y espirituales que traerá a la humanidad el uso irracional de la ciencia y la tecnología.
4. Realismo futurista: La evolución de una sociedad partiendo de la época actual. La sociedad se proyecta en un futuro inmediato, no mas allá de 30 o 50 años.
5. Hibrida: La mezcla de diferentes géneros. Se combinan de forma armoniosa la CF con otros géneros: terror, aventuras, policiaco, etc.
6. El antigenero: La inclusión y mala utilización de elementos de la CF a una trama (casi siempre pésima) que los necesita, con fines efectistas (que casi nunca se logran). La mayoría de los filmes de CF que se producen en los Estados Unidos.

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Zaida, cuentos de ciencia ficción

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Siempre acostumbro venir aquí, a evocar su recuerdo, a contemplar nuestro mar; donde ella descansa. En este lugar la encontré y aquí mismo, desde este promontorio, la arrojé al mar. Sí, la arrojé al mar. Yo no quería…

 

Zaida, cuentos de ciencia ficción

Zaida es una selección de cuentos cortos de ciencia ficción donde los temas van desde mundos virtuales, donde cada cual busca la felicidad que no encuentra en su vida real, a la desdicha de un paria o la crítica a una sociedad de consumo. No escapa a una sátira sobre las leyes de la robótica o al humor de contagio, un ser traumatizado lleno de complejos y de odio hacia la humanidad. Así como la reflexión sobre dos vidas párelas que transcurren al mismo tiempo entre dos personas con estatus social totalmente diferente, donde las comodidades de una casa inteligente contrastan con la vida miserable de un ser sin esperanza.

Otros temas también son abordados como el amor imposible, la nostalgia y el desgarramiento interior de un mundo que es indiferente al destino del ser humano y a su propia realización. Y por supuesto, el análisis las tecnologías inteligentes, las computadoras, la automatización y la enajenación que se produce producto de un mundo donde lo importante es tener, donde el ser se mezcla con las tecnologías en una búsqueda desesperada por realizar sus sueños. Al final el cuento el infierno, es una reflexión sobre el bien y el mal y lo que nos hace verdaderamente humanos.

Disponible en

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Evento Behique 2013

Poster BEHIQUE 2013BEHIQUE 2013
Gran Evento Cultural de Fantasía y Ciencia Ficción para los jóvenes.
6ta edición dedicado a la ciencia-ficción Post-apocalíptica.

Nota  de prensa:
Sexta edición de BEHIQUE,  gran evento cultural cubano de literatura y arte del género fantástico, de frecuencia anual, dirigido a jóvenes y adultos. Los días 2 y 3 de agosto se celebrará en el Centro Hispano-Americano de Cultura, sita Malecón No.17 esquina Prado. Habana Vieja. Se realizarán conferencias sobre la ciencia-ficción Post-apocalíptica (literatura, cine, manga-anime, etc), comentarios de la película cubana ?Los desastres de la guerra? por su director Tomás Piard, un Panel sobre la ciencia-ficción en Cuba, reconocimientos a la escritora Daina Chaviano y al grupo Espiral, un encuentro de conocimientos, presentación de los resultados del Concurso Mabuya en las categorías de cuento, historieta e ilustración, una exposición de artes plásticas y un desfile de disfraces.

Más detalles:
El Centro Hispano-Americano de Cultura, y el Proyecto Cultural para la Divulgación del Arte y la Literatura Fantástica (DiALFa), invitan a la 6ta edición del Gran Evento Cultural de Fantasía y Ciencia Ficción, BEHIQUE 2013, dedicada la jornada a la ciencia-ficción Post-apocalíptica.

Este evento cultural cubano de literatura y arte del género fantástico, de frecuencia anual, es de libre acceso dirigido a jóvenes y adultos. Sesionará el viernes 2 de agosto a partir de la 1:00 p.m. y el sábado 3 de agosto a partir de las 10:00 a.m., en la sede del Centro Hispano-Americano de Cultura, en Malecón número 17, esquina Prado, en La Habana Vieja. Al evento están invitados jóvenes escritores, artistas y autores cubanos.

Se han planificado diferentes conferencias para los jóvenes:
–  Escenarios y Literatura post-apocalíptica
–  Cine post-apocalíptico
–  Proyección y presentación de la Película ?Los desastres de la guerra? por su director Tomás Piard
–  Conferencia sobre las ucronías
–  Historieta, Manga y Anime post-apocalíptico
–  Literatura Cubana del género.
–  Panel ?Sucesos y novedades en Cuba y el mundo sobre género fantástico?.

Se realizaran además las actividades: ? Encuentro de conocimientos;  ? Reconocimientos a personalidades de la cultura cubana;  ? Presentación de resultados del Concurso Mabuya en las categorías de cuento, historieta e ilustración; ? Exposición de ilustraciones e historietas del género; ? Exposición de artesanía, libros, y manualidades; ? Muestra de Disfraces y Cosplay.

Todos los interesados pueden asistir.

Contacto:
Sheila Padrón Morales, Coordinadora del Proyecto DiALFa
dialfa.hermes@gmail.comsheila@bpvillena.ohc.cu

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La chica de enfrente: la real

Ella caminaba a mi lado: yo sé que sabe… Y sin decir nada alzó la vista al cielo: ¡Mira cuantas estrellas hay!, o tal vez, ¡Que noche más hermosa! No hace falta que lo diga, sus ojos claros lo dicen todo. En ella se refleja el fulgor de todas las estrellas; pestañeó como si adivinase mis pensamientos, las estrellas se apagaron por un momento; sólo en sus ojos se percibía la inmensidad de aquella noche, noche especial; porque al fin sabrá lo que ya sabe, lo que tantas veces le dije en sueños. No más inmersores de mundos virtuales, basta de registrar tan sólo sensaciones; la quiero a ella, en este mundo real.

Te quiero le dije con voz temblorosa.

Ella volvió a contemplar las estrellas; había una que llamaba la atención porque titilaba incansablemente.

Los sueños… Los sueños son como las estrellas: inalcanzables, misteriosos dijo sin mirarme.

No sé, pero de pronto sentí que la noche me aplastaba, que aquella estrella radiante se reía de mí; de mi inseguridad, de mi miedo a perderla.

Tú no me amas a mí. No, tú amas un sueño, y en ese sueño, tú conformas a una mujer que físicamente se parece a mí; pero no soy yo, es sólo la mujer de tus sueños. Ámame con toda tu alma, suéñame a tu antojo, tú que puedes soñar. Créeme yo no soy nada comparada con tus sueños. Tú vives en otra dimensión, en la de los sueños, ese es tu mundo. Yo vivo en una dimensión opuesta a la tuya: la realidad. Yo estoy prisionera en la rutina. Tú eres libre, no olvides que eres el componedor de sueños.

No me atreví a decir nada, pero yo no quería tan sólo soñarla, ni siquiera tuve el valor de mirarla a los ojos; sólo sé que un sentimiento de angustia me apretaba el pecho; me faltaba el aire y las estrellas se iban apagando una tras otra; hasta quedar la noche oscura y silenciosa… Desperté sobresaltado.

Arrojé contra el piso el inmersor de mundos. Siempre lo mismo: me debatía entre sueños y realidad, y eso me atormentaba. Me llené de valor y la llamé por teléfono. Ella apareció en la pantalla.

¿Qué quieres ahora? Si no tienes algo importante que decirme cuelga que estoy ocupada.

Contemplé enmudecido sus grandes ojos claros. Siempre pasaba igual, la llamaba y después no me atrevía a invitarla a salir.

No me mires con esa cara. ¿Vas a decirme algo?

Yo… Yo… En realidad saludarte… Me dijeron que estabas enferma y…

Pues te equivocas, porque estoy muy bien.

Y diciendo esto se puso de pie y dio una vuelta completa.

¿Tú no crees que estoy bien?

Sssí, sí… Claro, claro.

Bueno, ya viste que estoy bien. ¿No era eso, lo que querías saber?

Sí, eso…

Y sin decir más colgó.

Agarré al inmersor, ya me lo iba a colocar sobre la cabeza, cuando recordé a Freud, era el seudónimo de un amigo mío que ejercía como psicólogo clínico. Sin dudas, él podría ayudarme. Fui a verlo inmediatamente. Y le conté mis conversaciones telefónicas con la chica de enfrente, los sueños que tenía con ella y las explicaciones que ella me daba en cada inmersión virtual.

Es un caso típico de justificación inhibitoria. No quieres enfrentar el problema y pones en sus labios las palabras que tú quieres escuchar y de esa forma evades la realidad. Tú le temes al amor. ¿Y sabes por qué ella te trata así? Porqué se cansó de esperar por ti. La mujer de hoy no soporta al hombre indeciso. Tienes que invitarla a salir, aunque sea a un parque, y declárale tu amor. Tienes que hablarle cara a cara. Decir lo que sientes, y sin darle tiempo a pensar la abrazas y la besas. Debes romper esa imagen que tiene de ti; demostrarle que eres un hombre decidido… fogoso. Créeme, eso no falla. Y otra cosa, está probado científicamente que los inmersores de mundos virtuales producen trastornos síquicos, tales como: alucinaciones, estados de angustia, temores… y en el mejor de los casos actúan como inhibidores de la acción: produciendo cansancio, estados de ensoñación… En fin, te aconsejo que no vuelvas a utilizar el inmersor, su efecto es más pernicioso que el de las drogas; acaba con la voluntad del hombre. Todo lo que tienes que hacer es actuar, vivir… Ir a la lucha… Enfrentarte a la vida y zas, se acabó. No más inmersor, recuerda no más inmersor…

Gracias Freud, perdón doctor Silver…

Le di la mano agradecido, salí convencido de que esa era la solución: enfrentar la realidad.

En cuanto llegué a la casa cogí el teléfono, y sin mirar su imagen en la pantalla, la invité a ir a un parque abandonado que estaba a pocas cuadras de la casa. Ella no respondió, alcé la vista y vi sus ojos claros mirarme o mejor dicho verme, era la primera vez que fijaba sus ojos en los míos. Yo estaba desconocido y de forma resuelta volví a insistir. Ella aceptó. Quedamos en encontrarnos por la noche en el parque.

Según pasaban las horas la angustia se apoderaba de mí: me movía inquieto de un lado para otro, me sentía intranquilo; lentamente iba perdiendo la confianza en mi. La inseguridad, implacablemente se iba adueñando de la situación: “¿Irá a la cita?… ¿Podré decírselo?… ¿Irá? ¿Qué le diré?…”.No podía estar sentado un minuto, la ansiedad me mordía el intestino: comencé a sentirme enfermo, tenía deseos de ir al baño; eran justificaciones. Miré al inmersor y acerqué mi mano temblorosa: “¡No!… ¡No lo haré!” Alejé la mano y cerré el puño: “No me dejaré vencer. No más fantasías, quiero la realidad: la quiero a ella, a la real.”

Tenía que escapar de aquel vicio de soñar mundos, estaba cansado de soñar. Quería vivir a su lado. Ella era mi salvación, la esperanza de integrarme a la realidad, de abandonar para siempre el mundo de los sueños.

El parque estaba desierto, la noche estrellada… Pero, faltaba ella. Sentía mi corazón latir de prisa. El tiempo transcurría ajeno a mi ansiedad. Al fin, apareció. Se veía molesta, sus ojos claros se movían intranquilos.

Estoy esperando. ¿Qué vas a decirme?

Nos sentamos en un banco le dije con voz casi imperceptible.

Pareció escucharme, porque escogió uno y se sentó, yo me senté a su lado. Ella esperaba: miró al cielo. Las estrellas seguían ahí. Observé la luna, me pareció fría, distante. Recordé las palabras del sicólogo. Tenía que enfrentar la realidad. No lo pensé, si lo pensaba no lo decía, y simplemente le dije:

Estoy enamorado de ti.

Me observó conmovida, se enjugó una lágrima, y alzó la vista hacia las estrellas.

Los sueños… Los sueños son como las estrellas: inalcanzables, misteriosos. Tú no me amas a mí. No, tu amas un sueño, y en ese sueño tu conformas a una mujer que físicamente se parece a mí; pero no soy yo, es sólo la mujer de tu sueño…

Me puse de pié sobresaltado. Observé como las estrellas se apagaban y como la luna se ocultaba detrás de una nube, no soplaba una gota de aire; la noche se tornaba cada vez más oscura para mí: no había duda… soñaba.

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Mundo virtual

Afuera tal vez llueva o quizás hace un día radiante, a lo mejor un loco asesinó a alguien o hace mucho frío, un frío glacial. Sólo los fuertes salen, sólo ellos pueden recorrer la ciudad. Afuera reina la anarquía, el caos, la violencia. ¿Quién sabe cuántas cosas terribles sucedan?

Un sonido intermitente lo sacó de sus pensamientos. Encendió la computadora y lanzó un vistazo al display.

… USTED AUN NO HA ENTREGADO EL GUION, LE RECORDAMOS QUE A LAS DOCE EXPIRA EL LIMITE DE ENTREGA Y CON EL, NUESTRO COMPROMISO…

“El guión. No tengo deseos de hacer nada. Sólo dormir, soñar; soñar con ella”.

Se colocó sobre su cabeza el inmersor de mundos virtuales.

Caminaba por la playa, su corazón latía deprisa, sabía que la encontraría, ella estaría en algún lugar de su sueño esperándole. Él caminaba sin rumbo, se detuvo a respirar el olor del mar y sintió como los pulmones se le llenaban de salitre. A lo lejos una mujer estaba parada frente al mar. Es ella, ella…

¡No!, ¿Por qué?…

Otra vez estaba en su cuarto.

¡Coño! Se golpeó la cabeza con furia.

“Tengo que lograrlo, necesito sumergirme en mis sueños. ¿Podré hacerlo? Una vez dormido, ¿quién alimentará después los sueños?, ¿quién me seguirá soñando? Yo con la ayuda del generador de mundo virtuales, sólo puedo crear un sueño y sumergirme en él. Pero, ¿cómo generar las nuevas variantes que quiero soñar? ¿Por qué siempre me despierto? ¿Será que me asusto, que me impresiono tanto y por eso despierto? Si pudiera seguir soñando. Yo no quiero que sea el inmersor quien me inserte en su mundo virtual. Quiero crear mi mundo, soñarlo e incluirme en ese sueño y volver a soñarme, hasta que soñador y sueño se confundan, hasta que el soñador y el mundo virtual se sintonicen y funcionen armoniosamente”.

En la pantalla continuaba la advertencia de terminar el guión.

Conectó el sistema de clasificación de películas: aparecieron varios filmes en pantalla, luego consultó el sistema evaluador, y a cada guión se le asignó un coeficiente de acuerdo a la aceptación que tuvieron. Activó el sistema inteligente para que extrajera los temas centrales y los agrupara. Nuevamente consultó el sistema evaluador y cada tema recibió, a su vez, un coeficiente de aceptación. Por último consultó la base de conocimientos sobre los resultados obtenidos, y obtuvo la propuesta del guión con las variantes de temas a adoptar.

“Ya casi tengo el argumento, ahora sólo falta el acabado, el toque creativo. Esta es la parte que únicamente los humanos pueden hacer: obtener de este ajiaco un guión aceptable”.

Volvió a pensar en ella, no podía apartarla de sus pensamientos. Deseaba tanto lograr el contacto; llevaba meses tratando de hablar con ella, pero siempre despertaba; era tan grande su excitación al verla que su mente perdía el control sobre el inmersor y este lo hacía volver a la realidad. Pero en estos momentos debía olvidarse de ella, ahora sólo importaba el dichoso guión, era un compromiso ineludible, a él le pagaban por entregar semanalmente un guión, otro realizaba la composición de escenas, otro los ajustes de actuación, otro las piezas musicales, y por último el director era quien armaba todas las piezas. Y ahí estaba el problema, que todos ellos tenían que partir del dichoso guión. Por eso necesitaba apurarse, lo único que tenía que hacer era conformar el argumento con los resultados obtenidos: quitar por aquí, agregar por allá, repetir esto otro. Todo era muy sencillo.

“Si también fuese así el contacto con ella. ¿Por qué desaparece de mis sueños? ¿Por qué no se deja soñar? ¿Quién es ella? ¿De donde viene? Tal vez ella exista: ¿En este mundo? Yo sé que existe, virtualmente existe. Si no, ¿cómo siempre aparece en mis sueños? Ella vive en alguna parte de mi mente, de algún pasado remoto que evoco a través del inmersor”.

Era un hombre solitario, su timidez no encajaba en una sociedad, donde cada cual proyectaba una imagen fuerte y segura; él un ser endeble, temeroso. ¿Quién podía fijarse en él?

Las horas calmosas, transcurrían ajenas al conflicto de un hombre que luchaba contra el reloj. En otra época lo hubiese terminado en pocos minutos, pero hoy no podía, su mente estaba dispersa.

“Si pudiera verla nuevamente, aunque sólo fuese un segundo. Verla de cerca, contemplar sus ojos. Si pudiera oír su voz…”

De forma automática, cogió el inmersor y se lo colocó sobre la cabeza. Tenía la mirada perdida: “soñarla, volver a soñarla”.

Regresó a la playa, la misma playa de siempre; con la misma arena, el mismo cielo; aquella playa inconfundible: su mundo secreto, donde se encontraba con ella; siempre de lejos, sólo de lejos… Miró hacia todas partes con ansiedad: ella no estaba. La playa estaba desierta. Caminó primero, luego corrió por la arena. No sabía su nombre, además era inútil llamarla: ella debía estar allí, era parte de ese mundo. Se detuvo jadeante, sabía que de un momento a otro despertaría.

¿Dónde estás? gritó desesperado.

Cual no sería su asombro al verla bañándose en el mar. Ella le hacía señas, lo llamaba, le pedía que penetrase en el agua. “¿Entrar al mar?” La idea lo horrorizó. Nunca antes lo había hecho. Sin embargo en lo más recóndito de sus recuerdos existían imágenes vagas sobre el mar; ideas dormidas, tal vez surgidas de otra vida, de alguna infancia olvidada, borrada por la lluvia de información absorbida durante años; o de un mundo virtual, de algún sueño perdido en el tiempo, en el arquetipo de su especie.

Sentía miedo, ella sonriente lo llamaba, le pedía que fuera a encontrarse con ella. Sólo aquel frío imponente y aquellas olas amenazadoras se lo impedían. El corazón golpeaba decidido sobre su pecho, incitándole. El mar se replegaba, se convertía en espuma. Avanzó hacia ella. Sintió como el agua fría le subía por el cuerpo y como el aire húmedo le golpeaba el rostro. Ella estaba frente a él; surgida del mar, totalmente desnuda. Sabía que de un momento a otro podía despertarse, que todo no era mas que un sueño; pero allí estaban aquellas olas que le golpeaban, y a ratos, estaban a punto de derribarlo. La vio acercarse, con su pelo aun chorreando agua. La tomó entre sus brazos, tembló de miedo al sentir el calor de su cuerpo. La abrazó fuertemente. Sabía que en cualquier momento podía despertar: por eso la besó, nunca antes había besado a una mujer; sintió como el corazón de ella le golpeaba el pecho; respiró su aliento y la besó largamente. Sabía que podía despertar, que era un sueño; una sensación computarizada. Atrás quedaba su cuarto oscuro; atrás, aquel computador gris, con aquella pantalla negra, que con letras rojas anunciaba: SEÑOR COLLING USTED ESTA DESPEDIDO.

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La primera ley de la robotica

Mijail Petrovich, estaba acorralado por tres hombres que le disparaban desde ángulos diferentes. Mijail parapetado detrás de una gran columna defendía su vida; a su lado expuesto a las balas, ajeno a todo, se encontraba Marcel.

Maldición, yo tengo la culpa se decía.

Mijail Petrovich, había llegado ayer a New York para participar en una conferencia sobre robótica; como siempre, viajó acompañado de su robot. Al llegar a esta ciudad le entregaron un revolver y le advirtieron que no saliera solo, y mucho menos de noche.

Había hecho caso omiso de las instrucciones, se sentía seguro en compañía de Marcel. ¿Quién se iba a atrever con él? Y sin embargo estaba allí, acorralado en aquel parqueo, por esos tres bandoleros.

Una bala rebotó sobre la coraza de hierro de Marcel. Fue entonces cuando Mijail, decidió pedirle ayuda a su robot.

Marcel estoy en peligro, esos hombres me van a matar si tú no me ayudas. ¡Detenlos!.

El robot no responde; permanece inmóvil, en silencio.

Uno de los hombres comienza a avanzar disparando, Petrovich le abre fuego. El hombre se lanza al suelo, da tres volteretas y se oculta tras un camión.

Marcel, si tú no me ayudas esos hombres me matarán, ¡entiendes, me matarán!. Tienes que defenderme.

Por fin, sonó la voz grave de Marcel.

No puedo hacerle daño a los humanos, no puedo.

Mijail Petrovich lo sabía, el robot estaba programado bajo las tres leyes de la robótica, y la primera ley era: no dañar al ser humano, pero su vida ahora dependía de Marcel.

Marcel, escúchame, esos hombres son tres criminales, que están fuera de la ley; probablemente estén condenados a muerte por la sociedad, si los detienes le vas a hacer un favor a la humanidad. No entiendes ¡son delincuentes!, son seres sin escrúpulos… y mi vida depende de ti… ¡Atácalos!.

No puedo, no puedo.

Una bala pasó silbando cerca del oído de Petrovich, se llevó la mano izquierda a la sien.

Por poco… un poco más y no hago el cuento.

Petrovich comenzó a disparar, pero tuvo que ocultarse rápidamente, las balas rechinaban contra la columna.

Marcel, tienes que hacerlo. ¡Te lo ordeno!… te lo suplico.

Uno de los hombres se movía detrás de los autos.

Marcel comenzó a avanzar lentamente hacia él. El delincuente se quedó tranquilo, esperando que se le acercara. Marcel lo cogió por una mano.

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!, que haces bruto, me estás haciendo daño.

El robot soltó inmediatamente.

¡Oh, no! Es mentira Marcel, te está engañando.

El hombre yacía en el piso, retorciéndose del dolor

¡Ay mi brazo! Me lo partiste, me lo partiste.

Mijail disparó, fue a disparar de nuevo pero… ¡no tenía balas!.

Marcel, Marceeel estoy perdido, sólo tu puedes salvarme. no puedes permitir que esos criminales me asesinen; tienes que detenerlos. Por favor Marcel… no hay otra solución.

Los otros dos hombres comienzan a avanzar disparando.

Marcel abandonó al que estaba sobre el suelo y avanzó hacia otro de los delincuentes.

No te me acerques, soy alérgico al metal, me puedes producir la muerte.

Marcel se detuvo en seco con los brazos extendidos.

Mientras tanto el que se quejaba, dejó de retorcerse y comenzó a disparar desde el suelo. El tercero avanzaba a toda prisa hacia Petrovich.

Soy alérgico, me voy a desmayar, no aguanto más y diciendo esto se desplomó.

¡ Marcel!, ¡Aquí! ¡Ayúdame!.

Ahí estaba el tercero de los delincuentes, apuntándole con la pistola.

Pero ya Marcel estaba junto a él, y de un tirón le arrancó el arma de la mano.

Pero si sólo estábamos jugando con él, en nuestro país se acostumbra a recibir a los extranjeros de esta forma.

Dame la pistola Marcel, rápido dame la pistola antes que…

El otro, el del “brazo partido”, estaba ya frente a Mijail apuntándole.

Claro Marcel era sólo un juego, nosotros estamos muy contentos de tenerlos con nosotros dijo el otro sin dejar de apuntarle.

Al grupo también se había unido el “alérgico”, pistola en mano apuntando a Petrovich.

Mijail se ocultó detrás de su robot.

Marcel me van a matar, dame la pistola.

No tienes ningún peligro, las balas son de mentiritas, a quien se le ocurre pensar que nosotros vamos a hacerle daño a un ser humano. Nosotros también cumplimos con la primera ley de la robótica, ¿Verdad muchachos?.

Tanto el “alérgico”, como el del “brazo partido”, se habían ido acercando cada uno por un lateral y ahora lo tenían a tiro.

Marcel, me van a matar; no te das cuenta. ¡Me van a mataaar!

No digas eso, estas balas no hacen daño, lo que hacen es producir la risa, y para demostrártelo…

Se escucharon uno, dos, tres disparos.

Se retorcía en el suelo, se convulsionaba; extendió su brazo.

¡Marcel ayúdame…

¡Mira! Que manera de divertirse. Ahora me toca a mi dispararle, dijo el otro mientras le apuntaba con su “brazo partido”.

Nuevamente se escucharon uno, dos, tres disparos y el cuerpo quedó inmóvil.

Los tres bandidos se acercaron al cuerpo ensangrentado de Mijail Petrovich y comenzaron a desvalijarlo: le quitaron el reloj, la sortija, la cartera y todo cuanto llevaba encima de valor.

El “desarmado” se acercó a Marcel.

Sabes que esa pistola me pertenece a mi, además está prohibido que los robot porten armas. Así que entrégamela.

Marcel extendió su brazo de hierro y abrió su mano.

Eso es. Eres un buen chico Marcel.

Los tres bandidos se alejaron riendo. Marcel permaneció allí inmóvil, rígido con la mano aún extendida.

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Sociedad de consumo

Frente al espejo, totalmente desnuda, se perfuma desde los pies hasta la cabeza, sobre todo el aliento. El tocador está atiborrado de pomos de perfume, cremas aromáticas, tubos de pastas y jabones.

Contempla su rostro satisfecha; su peinado; su pelo plateado, sus ojos color malva. Instintivamente se frota los hombros, siente frío, toma el control de temperatura y lo gradúa.

“¿Que habrá hoy de comida?”. Se acerca al teclado de la computadora presiona una tecla; revisa el menú y selecciona los platos apretando las teclas correspondientes; aparece un mensaje, DIGAME SU CLAVE:

Teclea el numero 3056 y enseguida le llega la respuesta, DENTRO DE 10 MINUTOS LE LLEVAREMOS SU PEDIDO.

Oprime otra tecla y aparecen una serie de anuncios.

SI QUIERE SER MAS BELLA USE MONCRIS, MONCRIS SUAVIZA LA
PIEL, MONCRIS LE IMPREGNA A SU PIEL UN AROMA AGRADABLE, EROTICO, ESTIMULANTE…

“Eso, eso es lo que yo necesito”.

… LLAME AL 33 34 44 Y SOLICITELO ENSEGUIDA.

Marca el número.

Oiga yo…

Sí, como no, lo sabemos, usted desea el producto MONCRIS, todo el que tiene buen gusto lo adquiere. Dígame su clave.

3056.

Bien dentro de 15 minutos le enviaremos el pedido. Gracias y hasta pronto. Ah, si le interesa, tenemos otro producto que aún no ha salido al mercado. Usted será la primera en adquirirlo. Todas sus amigas se morirán de envidia; es un perfume especial, exclusivo, posee efectos sugestivos sobre los que la rodean…

Sí, sí, envíemelo también.

Perfecto, usted es una persona que sabe lo que necesita en cada momento. Bien 3056, en breve recibirá ambos productos. Los gastos por supuesto van a su cuenta bancaria.
Hasta la próxima.

Suena el teléfono, aprieta un botón.

Si.

Aparece en la pantalla el rostro de un joven.

Arnie, lo siento mucho pero no puedo ir a buscarte, tengo un problema que…

Ahórrate las excusas Arklie, no quieres ir conmigo, pues no vayas; te olvidas que allí estará Argly, y por supuesto tampoco faltará Arnoy. En fin tú te lo pierdes, adiós.

“Siempre ha sido un ser acuoso, no se como pude aceptarlo”.

Se escucha un sonido musical que se repite de forma monótona.

“Ya llegó la comida”.

Toma el control en sus manos.

LA COMIDA HA SIDO DEPOSITADA EN LA ESTERA DE RECEPCION DE PRODUCTOS, SON 30 DOLARES, EL IMPORTE IRA A SU CUENTA BANCARIA. HASTA PRONTO.

Se acomoda en su silla y comienza a desplazarse lentamente por el pasillo, a su paso las puertas van abriéndose automáticamente. Se detiene junto a una mesa, mientras dos carritos automáticos se mueven alrededor de ella, alargando sus brazos mecánicos van sirviendo la mesa, concluida su función se marchan a través de una puerta que se confunde con la pared.

Después de comer, entra en un saloncito perfumado. Se abren unas puertas corredizas de donde van saliendo vestidos que permanecen unos segundos fuera y luego vuelven a su posición inicial, al fin se decide y toma uno; luego se alza del piso una sección giratoria donde aparecen diferentes pares de zapatos.

La música sigue escuchándose por toda la habitación, la temperatura se mantiene cálida, agradable. Pisa una losa y como por encanto todas las paredes se transforman en espejos.

De repente la música se detiene: SON LAS 7 DE LA NOCHE, LE RECUERDO QUE LA FIESTA COMENZARA A LAS 9 Y QUE USTED DEBE ESTAR TEMPRANO POR SER UNA DE LAS ESTRELLAS Y ASI DESLUMBRAR A TODOS CON SU BELLEZA Y SU FRAGANCIA. TODO EL MUNDO LA ENVIDIARA, SERA LA REINA DE LA FIESTA. La voz deja de escucharse y continúa la música.

Ella respira satisfecha, pasa a otro cuarto mucho más pequeño y comienza a descender, se detiene. Las puertas se abren y se desliza a través de un estrecho pasillo, hasta llegar a un recinto muy amplio donde está guardado el auto, una vez dentro, enciende el aire acondicionado, aprieta otro botón y un suave perfume comienza a circular, conecta el radio. Lentamente va retrocediendo, una puerta se corre y el auto sale al exterior, al espacio abierto de la noche, atrás queda una casa semicircular, sin puertas, ni ventanas; adornada con espejos y cristales de colores.

Ella va dentro de su auto, donde existe una temperatura agradable, donde se respira un aire perfumado. “Quien sabe que temperatura habrá allá afuera. ¿Habrá frío?”. Tiembla de solo pensarlo. ¿Qué sería de ella con su vestido escotado?… ¿O tal vez haya calor? Sería terrible… ¡sudaría! Pero por suerte ella esta ahí, en su auto, protegida del frío, del calor, de la lluvia, y de los olores desagradables de esas ciudades malolientes donde se aglomera la chusma.

Mientras maneja observa sus manos bien cuidadas, su piel rosada. “Que desatino el mío, se me olvidó darme la radiación térmica, para tostarme un poco más”.

Avanza a toda velocidad por la amplia carretera convencida de su triunfo, sonríe pensando en la cara de Arklie cuando la vea, tiene que encontrar una buena pareja; piensa en Astory, baila bien, es apuesto. “Voy a llamar a Astory”. Aprieta un botón y se enciende una luz roja. “¿Que…? ¿No hay carga?”.

No, no puede ser, si el carga automáticamente. ¿Qué
pasa?, ¿qué pa…sa?, ¿q…qué pa…sa? grita con voz ahogada.

El auto sigue avanzando lentamente, como por inercia.

No puede ser, no, no…

Afuera la noche oscura, implacable. La música se va apagando, se va apagando.

¡Ay de mi! ¿Por qué tiene que pasarme esto?

Finalmente el vehículo se detiene. Afuera todo es oscuridad, todo es silencio. La carretera está desierta.

¡Muévete!, ¡muévete!, muéveteee… por favor muévete.

Siente como una gota de sudor le corre por la frente, saca su pañuelo perfumado y se pasa la mano temblorosa por toda la cara.

El aire, el aire tampoco funciona. Mira hacia todas
partes asustada.

Si pasara algún carro comienza a apretar el claxon desesperadamente. Está sola en medio de la noche. ¡Sola! Se lleva ambas manos a la boca.

Que oscuro está todo.

Comienza a sentir como el sudor le corre por la cara, se pasa el pañuelo por la frente, se siente sudada. Semira en el espejo y percibe a través de las penumbras un rostro demacrado, vuelve a presionar el claxon pero esta vez no se escucha nada; sólo el imperturbable silencio de la noche lo llena todo.

¿Si viniera alguien? Mira a todos lados, sólo la inmensa carretera desierta.

Si pudiera salir La idea de salir al exterior, la horroriza aún más

Pueden haber salteadores, esa gentuza es capaz de violarme o … de asesinarme.

El calor comienza a hacerse insoportable, siente como el vestido se le pega a la piel. Un sentimiento de horror comienza a invadirla.

Ya la fiesta tuvo que haber empezado, a lo mejor al ver que no he llegado me vienen a buscar.

Comienza a alisarse los cabellos con los dedos.

¿Pero, y si no vienen?… ¡Y si no vienen!. ¿Qué será de mi entonces?… Vendrán, yo sé que vendrán.

Una fina lluvia comienza a caer sobre el auto, mientras sombras deformes deambulan por la carretera. Ella suda copiosamente, instintivamente sin quererlo se mira al espejo, allí está su rostro desfigurado por la penumbra, como una visión del mas allá. Comienza a morderse la uñas desesperadamente, ya no percibe aquel delicado perfume, el aire comienza a viciarse. Afuera las nubes se aglutinan ennegreciendo aún más el tétrico paisaje. Sólo los relámpagos se atreven a romper el oscuro silencio de la noche.

Y ella esta ahí sola, a merced de ese espacio negro; amenazador. Siente unos deseos inmensos de gritar; ya no puede aguantar más, y llora. Las pestañas comienzan a desprendérsele. Lanza un gemido.

Ayúdenme…

Las manos le tiemblan, su corazón late apresuradamente,
la respiración se le dificulta.

Me estoy orinando, tengo que aguantar, no puedo salir, no puedo…

Un relámpago ilumina la noche, liberando las más horribles visiones.

¡Oh!… ¡no!, ¡no!. Siente como un líquido le corre por los muslos y ese olor, ese desagradable olor… se lleva el pañuelo a la nariz, mira el reloj, las tres de la madrugada. Desesperada la emprende a golpes con el timón. Por un momento piensa abrir la puerta y echar a correr, pero el miedo la paraliza; se siente presa de algo horrible, afuera llueve. Se derrumba sobre el asiento, luego rueda hasta apoyar ambas rodillas sobre el piso del auto; así queda, indefensa, con las manos crispadas sobre el cabello, emitiendo constantes sollozos.

Amanece, pero ella permanece allí, de rodillas, recostado su cuerpo sobre el asiento. En su mano derecha tiene un mechón de cabello. Un olor a excremento flota en el ambiente.

Un carro patrullero se detiene. El vigilante se acerca y abre la puerta.

¿Qué le pasa?

¡Váyase!, no se acerque dice ella sin volverse.

Hizo ademán de tocarla pero siente el fétido olor que brota del auto.

Está bien, me voy.

Se aleja, se introduce en el carro patrullero y resopla. Luego respira profundamente y aspira el aire perfumado. Toma el teléfono.

Aquí 007 llamando a la comisaría.

Aquí la comisaría.

Acabo de encontrar una mujer encerrada en su auto y no quiere salir, debe estar loca, está sucia y apesta.

Lo de siempre, un carro descompuesto. Llama al centro asistencial para neuróticos y que ellos vengan a recogerla. Ese no es problema nuestro.

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La mejor adquisición

Él la contemplaba en silencio, ella dormía, se le acercó lentamente y la besó en la frente; al sentirlo abrió sus ojos, parpadeó dos veces y sus pupilas negras le devolvieron el beso; su semblante a pesar de la tenue luz de la mañana se iluminó con una sonrisa amorosa.

Su esposa lo conocía demasiado bien, era un hombre poco comunicativo, al que le costaba trabajo manifestar sus sentimientos. Recuerda cuando fue su alumna, todos se quejaban de sus clases, en cambio para ella, no existía otro profesor como él. Basta cerrar los ojos y le parece tenerlo frente a ella dando clases. Lo sigue amando como entonces, cuando ella era saludable; pero, ahora… Ahora todo era distinto, estaba enferma; presentía que su enfermedad no tenía cura, aunque los médicos se lo trataban de ocultar. Por eso él cambió de trabajo: necesitaba ganar más dinero. Esas transfusiones de sangre, esas pruebas, el tratamiento; todo aquello tenía que ser demasiado costoso, y estaba convencida que el salario de un investigador teórico no daba para tanto. Sólo trabajando para una compañía como Híbridos BC, que se dedicada a desarrollar sistemas híbridos basados en conocimientos, la cual había estado a la cabeza en el desarrollo de programas para robots inteligentes, podía ganar suficiente dinero para costear su enfermedad. Pero ella sabía que no era feliz, en el fondo él añoraba aquel trabajo tranquilo, alejado de esa brutal competencia, de ese afán de ganancias que lo rodeaba y lo ahogaba. El jamás se quejaba, pero ella sentía su cansancio, su desencanto; y eso la atormentaba más que su propia enfermedad.

Lo vio salir, silencioso, detrás entró una de las enfermeras que la atendía: ese era otro de los gastos.

No le sorprendió ver el mensaje en el monitor de que el director lo estaba esperando, sabia lo irritado que estaba con él, porque llevaba varios meses trabajando en el programa y aún no lo había terminado.

Señor Bradbury, ¿cuándo piensa usted terminarlo?

En esta semana.

Eso me dijo la semana pasada. Usted está demasiado preocupado, lo veo distraído. Usted no puede seguir así, tiene que pensar en su futuro. Usted…

Le dije que esta semana lo termino.

Se puso de pie.

Usted está loco, tiene que concentrarse en su trabajo. Ninguna mujer merece esa dedicación.

Estaba cansado de que siempre culpara a su esposa.

Qué sabe usted de mi mujer. Simplemente no tiene derecho a juzgarla. Porque no tiene la menor idea de como es ella.

Ella no puede ser tan especial. Todas las mujeres son iguales.

Tiene razón todas las mujeres son iguales. Sólo que ella para mí es especial. Y con eso basta.

Y sin decir más se dirigió a la salida. La secretaria se separó de la puerta y corrió a ocupar su lugar.

Cuando se marchó, la secretaria alzó la vista de la computadora.

Con tantas mujeres que hay y él empecinado en esa. Sí, porque eso en el fondo es capricho.

Es verdad, hay gentes así, testarudas. ¿A ver, qué tiene ella que no tengamos nosotras?

Especial, ni especial. Lo que son es un par de ridículos.

Sí, tan, pero tan ridículos, que se aparecen en pleno siglo veintiuno con una historia de amor a lo siglo diecinueve. Porque ni siquiera son originales.

Y a lo mejor hasta se creen que son originales, que son auténticos y lo que son es unos ridículos.

Son ridículos, obsoletos y plagiadores. Eso es lo que son. Me enferma, ese tipo de gente, me enferma.

Entró en su oficina, observó la computadora, tenía que sentarse a trabajar, pero se sentía bloqueado, era una mezcla de disgusto con preocupación, no soportaba la empresa. El no significaba nada para ellos, a nadie le importaba él como ser humano, sólo era un objeto que producía ganancias y esas ganancias, según ellos se estaban afectando y ese era el problema: a la compañía sólo le interesaba sacarle el máximo de provecho. Añoraba sus antiguas investigaciones. Aquella vida reposada: cuando sólo tenía que investigar y, de vez en cuando, dar clases. Era cierto que ganaba poco, en comparación con lo que gana ahora. Pero era feliz. Pensó en el libro que estaba escribiendo y que por falta de tiempo lo abandonó. Su vida ahora es estar a la caza de la última novedad, para elaborar sistemas de computación competitivos que se vendan como una mercancía más.

La enfermera se acercó al teléfono que estaba sonando.

¿Oigo?

¿Es la señora Bradbury?

No, un momento.

Le acercó el teléfono a la cama.

Dígame.

Le habla el director de la compañía Híbridos BC. Lo que tengo que decirle es muy confidencial, su marido no se puede enterar.

No hacía falta que dijera más. Sabía lo que iba decirle.

Su esposo está muy afectado con su enfermedad, él no puede seguir así. Usted debe ayudarlo.

¿Y qué usted me sugiere que haga?

Lo único que tiene que hacer es darle la libertad. El se siente culpable de su enfermedad.

¿Sentimiento de culpa?

El se siente obligado con usted. Yo no creo que la ame. Se lo digo yo, que conozco a las personas. Lo que él siente por usted es un sentimiento enfermizo que lo anula como individuo y le resta productividad.

En realidad, ¿qué usted piensa de mí?

Bueno… Si le soy franco. Usted es una mujer enferma, es lógico que se aferre a él. Él es quien la mantiene, no…

Claro, entiendo su punto de vista. Pero usted está incapacitado para entender el mío, porque usted perdió su esencia humana: hace tiempo que usted vendió su alma y comercializó sus sentimientos.

Seamos objetivos, usted ve el mundo a través del cristal de su enfermedad, su visión del mundo no puede ser normal, es la óptica de una persona enferma. ¿Me entiende? Y lo peor es que lo está contagiando, y sin darse cuenta, le está inculcando esa percepción errónea de la vida, anulando su espíritu de lucha. Le digo esto porque su esposo vale mucho.

Yo sé que mi esposo vale mucho, pero no en el sentido que usted lo entiende. Pero no dejo de reconocer que tiene razón, yo soy una carga para él.

Bueno, yo no quise decir eso…

Lo digo yo por usted. Y despreocúpese: voy a resolverlo.

Nosotros se lo vamos a agradecer…

Le colgó el teléfono.

“Dios: ¿por qué? El no merecía esto. No es justo”.

Volvió el rostro hacia la pared y sin hacer ruido lloró.

Miraba el reloj a cada rato, el tiempo transcurría lentamente. No dejaba de pensar en ella, su salud empeoraba y temía otra recaída. Cada vez que iba a comenzar pensaba en el libro que estaba escribiendo, en sus investigaciones, en su esposa… No podía concentrarse. Al principio, cuando su esposa estuvo a punto de morir y él necesitaba dinero, trabajó sin descanso en ese maldito programa para robot que tuvo récord en ventas. Y ahora estaban esperando que hiciera otro milagro que salve a la compañía. Si porque cuando él llegó a allí, la empresa estaba a punto de quebrar.

Se sorprendió al ver al director entrar sonriente.

No lo molesto.

“¿A que vendrá?” pensó.

No quiero interrumpirlo en su trabajo. Sólo quería decirle, que usted es la mejor adquisición que ha hecho nuestra empresa, y que estamos en la obligación de velar por usted. Y quiero que sepa que sus problemas también son nuestros, y que le deseamos lo mejor.

Sí, lo comprendo.

Hizo una reverencia con la cabeza y desapareció detrás de la puerta.

Miró al reloj, faltan cinco minutos para terminar la jornada.

“Si este piensa que me voy a quedar después de hora, está equivocado”.

Él estaba al llegar, se secó las lagrimas, hizo un gran esfuerzo y se puso de pie, se sentía muy débil, se acercó al espejo, vio su rostro excesivamente pálido y comenzó a arreglarse; hoy más que nunca él tenía que verla feliz. Escuchó sus pasos, ella se sentó en la cama y alisó su bata. Lo recibió con una sonrisa, le tendió una mano y le indicó que se sentará a su lado. Se acomodó junto a ella y se miraron a los ojos.

Quiero descansar dijo ella sosteniendo su mano , y tú me niegas ese derecho. ¿Por qué quieres que siga viviendo? No te das cuenta que eres egoísta, que no estás pensando en mi.

Él quería decir algo pero no podía, las palabras se atropellaban en la garganta y no le salían.

Crees que haces lo correcto pero no es así. Me estás haciendo sufrir como no te imaginas. ¿Por qué?, si morir es lo más natural del mundo, ¿por qué ese capricho de hacerme vivir en contra de mi voluntad?

No me pidas eso por favor.

Recuerdas cuando fui tu alumna…

Como lo voy a olvidar.

Quiero pedirte que regreses al instituto, que vuelvas a dar clases. Yo estaré siempre allí, escuchándote.

¿Por qué me pides eso? le dijo con voz apagada.

Tengo más cosas que pedirte dijo sonriente . Quiero que termines el libro y me lo dediques.

Ya me lo imaginaba, lo haces por mí.

Lo hago por los dos. Lo más importante es nuestra felicidad. No me obligues a tomar la decisión sola. Necesito tanto que me comprendas. Sólo te pido ser feliz los últimos minutos de mi vida. Vuelve al instituto, ámame más que nunca; pero ámame libre de toda atadura, de todo temor. Asumamos nuestro rol y que la muerte me llegue de forma natural.

No sé…

Si pudiera leerme tu libro antes de morir, claro no entendería mucho, pero me gustaría tanto. Me gusta verte escribir y ya tú no lo haces como antes. ¿Lo harás?

Bajó la cabeza, una lágrima le rodó hasta el bigote.

Déjame librarme de este cuerpo enfermo, déjame ser la luz que penetra por la ventana mientras escribes. Quiero ser tu inspiración, vivir en cada alumna que recibe tus clases. Y si algún día llego a amar otra mujer yo seré feliz sintiéndote amar.

Sé porqué lo haces, pero también sé que estás decidida y que nada te hará cambiar.

Déjame a mí decidir por los dos. Tú sólo tienes que prometerme que volverás al instituto.

Lo haré, y escribiré muchos libros y todos te los dedicaré, y volveré a dar clases; y te amaré más que nunca.

Al fin lo dijiste.

Él tomó el teléfono, ella pensó que iba a llamar a la enfermera.

Oigo dijo la voz.

Sabía que todavía estabas ahí dijo él.

¿Quién habla? preguntó la voz.

Acabas de perder a la mejor adquisición de la compañía.

¿Bradbury?

Acabo de renunciar.

¡Bradbury!, ¡Bradbury! No cuelgue…

Ella le cogió las manos y las colocó sobre su pecho; luego, cerró los ojos satisfecha.

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Reconstruyendo una vida

Todos tenemos un pasado, pero cuan real es ese pasado, cuan vivido o sentido fue. Podemos engañarnos y recordar solo la interpretación de vivencias filtradas por una memoria sentimental. Las vivencias se van borrando de la mente, los recuerdos se transforman, se mezclan con los sueños, con los deseos y se confunden con la imaginación. ¿No puede la mente construir vivencias por analogías, sobre la base de otras vivencias similares, extrapolar paisajes, personajes y acciones, y reconstruir nuevos recuerdos?

¿Podemos afirmar que los recuerdos tengan menos validez que un sueño alimentado durante años? Ese sueño puede ocupar el lugar de los recuerdos y llenar una vida de vivencias (fantasías en las que se cree y se aceptan como reales). ¿Quién diría que nuestro pasado es falso? ¿Las “versiones” de los que nos conocieron? Ellos sólo pueden recordar fragmentos de nuestra vida anterior: aquellas que dan risa o dan pena, y casi siempre aquellas en las que ellos son los protagonistas principales; por que en fin de cuentas son sus recuerdos, las vivencias de ellos.

Podríamos, entonces, llenar nuestra vida de sueños al igual que podemos llenarla de recuerdos. Y aunque nuestro presente este vacío, podríamos refugiarnos en el pasado. ¿Pero que es el pasado? No son recuerdos guardados en forma de imágenes, que serian falsas (sueños) si no fuera porque los lugares existen, no exactamente iguales; nuevas construcciones, ampliaciones, personas que no conocemos. Quien no ha regresado a la ciudad donde nació y se sorprende al ver que los lugares a los que iba de niño ya no existen, e incluso las personas que conoció ya no están y si las encontramos son tan diferentes a las que dejamos. ¿Que nos queda entonces? ¿los recuerdos? Los recuerdos que nosotros mismos hemos fabricado; nuestra versión del pasado.

Y me pregunto: ¿Podrá existir alguien que evoque sus fantasías como realidades y construya su pasado en base a sus sueños?…

Sonó el teléfono; la pared pantalla se encendió.

Vamos, Alex; sé que estás ahí; contesta. Vamos, hombre, tienes que regresar con nosotros. Tú eres el mejor, Alex, el mejor componedor de escenas que ha tenido la computer films. Hace años que te fuiste y no hemos podido encontrar quién te reemplace. Tú eres insustituible, Alex. Te necesitamos. ¡Qué escenas aquellas! Sólo tú podías lograrlas. Recuerdas cuando…

Se puso de pie y desconectó el aparato, la pared se apagó. Se escuchó el timbre del teléfono, luego la computadora comenzó a emitir un sonido monótono, intermitente.

¡Malditos!, ¡Cuándo me dejarán en paz! Ya les di suficientes ganancias. Ahora déjenme tranquilo.

Él sabía lo que ellos se proponían, el porqué seguían interfiriendo su línea. Lo estaban provocando para que él los demandara, para así empezar un largo pleito; eso era precisamente lo que ellos buscaban: un largo y costoso pleito, que terminara por agotar sus ahorros- y entonces tendría que volver a trabajar para ellos.

Sin embargo, él tenía una computadora oculta que trabajaba fuera de la red. Nadie podía obtener el permiso para instalar en su casa una computadora profesional si no era a través de video red, y a esta no le convenía enfrentarse con la computer films, pero como él tenía sus contactos, logró obtener el último modelo de computadora y conectarla a una red personal con multimedia, realidad virtual, videos tridimensionales y almacenamiento holográfico. Ellos no podían imaginar que, a escondidas, él continuaba componiendo escenas: las escenas de su vida.

Cuando la conoció, él no trabajaba, era un paria. A pesar de su inteligencia, carecía de voluntad para estudiar alguna profesión seriamente: penoso en extremo, introvertido por naturaleza; prefería pasar inadvertido, siempre solo. La soledad era su refugio, allí construía sus propias películas, era un fanático de los autofilmes, que sólo sus amigos más allegados podían ver, y estos se sorprendían de su imaginación. Así fue como la conoció, alguien le habló de sus películas y quiso verlas; le agradaron mucho sus filmes, y a él le agradó mucho más su compañía.

Era la hija de un eminente científico, autosuficiente y sectarista; detestaba a todo aquel que no fuera científico y sobre todo si era un paria, un sin trabajo. La primera vez que habló con él le dijo mirándolo con desdén: “así que usted se considera un hombre común. Usted ni siquiera es un hombre común; es menos que eso: usted es un paria. Un ser que no aporta nada a la sociedad, es nada”. Y desde entonces estudió, se esforzó día y noche. Tenía que triunfar, ser alguien, lograr algo en la vida…

Encendió la red y colocó el vídeo a la computadora, la pared pantalla se encendió. Sonrió… era Natalie cuando cumplió los tres años; él la tenía cargada; su esposa picaba el cake; recordó que esa escena la había compuesto cuando dejó el trabajo; ahora venía la parte en que Paúl se cae y se embarra de merengue; al principio pensó llorar pero al ver que los demás reían, comenzó también a reír.

Recordó las horas que pasó componiendo esas escenas, no fue fácil simular las imágenes, lograr los efectos de las voces, las expresiones del rostro: darle vida a cada gesto.

Estuvo horas contemplando las películas: sus vacaciones en Suecia, Paúl después de mucho esfuerzo, aprendió a patinar sobre la nieve. Natalie, no; ella era más indecisa; en cambio le gustaba mucho hacer muñecos de nieve; en su expresión se reflejaba que nunca antes había visto la nieve.

Se sentía satisfecho de sus montajes, los efectos eran tan reales, que hasta él mismo, a veces, dudaba que no lo fueran. Sólo esa nostalgia que lo embargaba era real. Lo otro no era más que una película, que día tras día, año tras año, había estado construyendo.

Fue hasta el espejo convencido de que algo no andaba bien: “¡cómo me han salido canas!, tengo que actualizar mi imagen en la computadora”. Se acordó que Billy debía enviarle los últimos videofotos: también su familia tenía que ser actualizada. El veinticuatro de este mes era el cumpleaños de Paúl y pensaba montar una gran fiesta.

Pensó en ella, cuando le dijo que no; él no insistió; era natural que ella lo rechazara, aunque ya entonces era el mejor componedor de escenas de la compañía; a quién le interesaba un hombre como él. No era un científico, es cierto que ganaba mucho dinero y hacía que otros ganaran aún más, pero eso no es todo: él no daba conferencias, no había escrito ningún libro, era nadie; a quien podía importarle. Como era de esperar ella se casó con un científico famoso y tuvo dos hijos: Natalie y Paul. Desde entonces se convirtió en su sombra y su amigo Billy su sabueso, quien cada mes le enviaba los videofotos con los cuales iba reconstruyendo su vida. La razón de su existencia era esa: reconstruir su vida. Qué importaba que cada cual hubiese tomado un sendero diferente: que ella hubiera enviudado, que se hubiera casado, que se hubiera divorciado… Ese era otro destino: la vida a veces no es lo que debía ser y es necesario enmendar los errores del destino.

Los años pasaban, se sentía cada vez más viejo, más enfermo. Los chicos ya eran adultos y seguía componiendo las escenas de su vida. Su enfermedad no tenía cura, y vio el fin acercarse, y filmó la última escena: la de su muerte. Natalie, una joven de catorce años sollozaba con la cara oculta entre las manos. A su lado la esposa, sumamente pálida; detrás cabizbajo venía Paúl, convertido en un hombre de diecisiete. De sus amigos sólo Billy se enjugó una lágrima; los demás con sus rostros de hielo, calculaban los millones que dejaron de ganar.

………………………………………………………

Abrió el paquete y dentro venían varios videos y una carta, en la que decía:

Cuando tengas esta carta en tus manos, yo habré abandonado este mundo sin dejar rastro. Sólo estos videos, lo único importante que he realizado en mi vida. Son tuyos, tú sabrás que hacer con ellos.

Alex

Ella estuvo horas contemplando los videos, luego llamó a sus hijos.

Miren estos videos y después hablaremos. Estaré en mi cuarto esperando.

Estaba sentada en la cama con los ojos entreabiertos, aún húmedos, con la sensación de que había muerto alguien que no debió morir así.

Sus hijos entraron.

¿Qué significa eso? preguntó Paúl desconcertado.

Natalie con esa intuición femenina se abrazó a su madre.

Ese hombre pudo haber sido nuestro padre.

La madre se mordió los labios y dos gruesas lágrimas corrieron por sus mejillas.

De eso precisamente quería hablarles. Su padre era un científico, al que sólo le importaban sus conferencias, sus grados académicos. Nunca tuvo tiempo para nosotros. Jamás se acordó de sus cumpleaños. Se pasaba la vida viajando o encerrado en el laboratorio. Nosotros éramos un accidente en su vida. A él no le importaba si ustedes se enfermaban, para eso estaba la esposa, para correr con ustedes para el médico. La familia y todas las cosas de la vida cotidiana eran sólo de mi incumbencia. Él era un hombre superior, arrogante como mi padre. Cuando murió juré nunca más casarme. Sin embargo, al poco tiempo me casé con el que yo creía que era un hombre común, nada de ciencia. En cambio era borracho, mujeriego, y lo peor, jamás los trató como hijos. Duramos poco tiempo. Luego vino el artista, ¿recuerdan?; trató varias veces de suicidarse. Sentía tanta lástima por si mismo que no tenía tiempo para pensar en los demás. Ninguno de ellos fue un padre para ustedes, prácticamente se han criado sin él y la culpable fui yo, que no supe escogerlo.

No digas eso, tú has sido la mejor madre del mundo dijo Paúl mientras le acariciaba el cabello.

Natalie hundió la cabeza en el pecho de su madre y dejó escapar un sollozo.

Por eso quería pedirles algo. Ese hombre que nos envió los videos acaba de morir y …

La voz se le atragantaba, se pasó la mano por la mejilla y recogió una lágrima.

Y estos videos significaban mucho para él, no sé por qué nunca vino a verme, tal vez pensó que lo volvería a rechazar. ¿Quién sabe…? Y ahora nos envía esto: un pasado, el pasado que nunca tuvimos. Y esto es lo que quiero pedirles: quiero que este hombre sea el abuelo de mis nietos. Sé que es una locura, pero creo que es lo único que puedo hacer por él: convertir su sueño en realidad. Él dedicó su vida a nosotros y nos dejó esto como herencia.

Cogió los videos en sus manos y los extendió hacia sus hijos.

Ahora les toca a ustedes decidir.

Yo siempre quise tener un padre así dijo Nataly sin levantar la cabeza.

Si ustedes lo quieren así… y agregó Paula en verdad, ese hombre me simpatiza.

Gracias hijos, averiguaré donde lo enterraron e iré a la tumba a llevarle flores… a mi esposo.

Y alzando la vista hacia sus hijos que estaban de pie.

¿Ustedes también irán a llevarle flores a su padre?

Claro, mamá, iremos contigo respondieron casi a dúo.

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