Sociedad de consumo

Frente al espejo, totalmente desnuda, se perfuma desde los pies hasta la cabeza, sobre todo el aliento. El tocador está atiborrado de pomos de perfume, cremas aromáticas, tubos de pastas y jabones.

Contempla su rostro satisfecha; su peinado; su pelo plateado, sus ojos color malva. Instintivamente se frota los hombros, siente frío, toma el control de temperatura y lo gradúa.

“¿Que habrá hoy de comida?”. Se acerca al teclado de la computadora presiona una tecla; revisa el menú y selecciona los platos apretando las teclas correspondientes; aparece un mensaje, DIGAME SU CLAVE:

Teclea el numero 3056 y enseguida le llega la respuesta, DENTRO DE 10 MINUTOS LE LLEVAREMOS SU PEDIDO.

Oprime otra tecla y aparecen una serie de anuncios.

SI QUIERE SER MAS BELLA USE MONCRIS, MONCRIS SUAVIZA LA
PIEL, MONCRIS LE IMPREGNA A SU PIEL UN AROMA AGRADABLE, EROTICO, ESTIMULANTE…

“Eso, eso es lo que yo necesito”.

… LLAME AL 33 34 44 Y SOLICITELO ENSEGUIDA.

Marca el número.

Oiga yo…

Sí, como no, lo sabemos, usted desea el producto MONCRIS, todo el que tiene buen gusto lo adquiere. Dígame su clave.

3056.

Bien dentro de 15 minutos le enviaremos el pedido. Gracias y hasta pronto. Ah, si le interesa, tenemos otro producto que aún no ha salido al mercado. Usted será la primera en adquirirlo. Todas sus amigas se morirán de envidia; es un perfume especial, exclusivo, posee efectos sugestivos sobre los que la rodean…

Sí, sí, envíemelo también.

Perfecto, usted es una persona que sabe lo que necesita en cada momento. Bien 3056, en breve recibirá ambos productos. Los gastos por supuesto van a su cuenta bancaria.
Hasta la próxima.

Suena el teléfono, aprieta un botón.

Si.

Aparece en la pantalla el rostro de un joven.

Arnie, lo siento mucho pero no puedo ir a buscarte, tengo un problema que…

Ahórrate las excusas Arklie, no quieres ir conmigo, pues no vayas; te olvidas que allí estará Argly, y por supuesto tampoco faltará Arnoy. En fin tú te lo pierdes, adiós.

“Siempre ha sido un ser acuoso, no se como pude aceptarlo”.

Se escucha un sonido musical que se repite de forma monótona.

“Ya llegó la comida”.

Toma el control en sus manos.

LA COMIDA HA SIDO DEPOSITADA EN LA ESTERA DE RECEPCION DE PRODUCTOS, SON 30 DOLARES, EL IMPORTE IRA A SU CUENTA BANCARIA. HASTA PRONTO.

Se acomoda en su silla y comienza a desplazarse lentamente por el pasillo, a su paso las puertas van abriéndose automáticamente. Se detiene junto a una mesa, mientras dos carritos automáticos se mueven alrededor de ella, alargando sus brazos mecánicos van sirviendo la mesa, concluida su función se marchan a través de una puerta que se confunde con la pared.

Después de comer, entra en un saloncito perfumado. Se abren unas puertas corredizas de donde van saliendo vestidos que permanecen unos segundos fuera y luego vuelven a su posición inicial, al fin se decide y toma uno; luego se alza del piso una sección giratoria donde aparecen diferentes pares de zapatos.

La música sigue escuchándose por toda la habitación, la temperatura se mantiene cálida, agradable. Pisa una losa y como por encanto todas las paredes se transforman en espejos.

De repente la música se detiene: SON LAS 7 DE LA NOCHE, LE RECUERDO QUE LA FIESTA COMENZARA A LAS 9 Y QUE USTED DEBE ESTAR TEMPRANO POR SER UNA DE LAS ESTRELLAS Y ASI DESLUMBRAR A TODOS CON SU BELLEZA Y SU FRAGANCIA. TODO EL MUNDO LA ENVIDIARA, SERA LA REINA DE LA FIESTA. La voz deja de escucharse y continúa la música.

Ella respira satisfecha, pasa a otro cuarto mucho más pequeño y comienza a descender, se detiene. Las puertas se abren y se desliza a través de un estrecho pasillo, hasta llegar a un recinto muy amplio donde está guardado el auto, una vez dentro, enciende el aire acondicionado, aprieta otro botón y un suave perfume comienza a circular, conecta el radio. Lentamente va retrocediendo, una puerta se corre y el auto sale al exterior, al espacio abierto de la noche, atrás queda una casa semicircular, sin puertas, ni ventanas; adornada con espejos y cristales de colores.

Ella va dentro de su auto, donde existe una temperatura agradable, donde se respira un aire perfumado. “Quien sabe que temperatura habrá allá afuera. ¿Habrá frío?”. Tiembla de solo pensarlo. ¿Qué sería de ella con su vestido escotado?… ¿O tal vez haya calor? Sería terrible… ¡sudaría! Pero por suerte ella esta ahí, en su auto, protegida del frío, del calor, de la lluvia, y de los olores desagradables de esas ciudades malolientes donde se aglomera la chusma.

Mientras maneja observa sus manos bien cuidadas, su piel rosada. “Que desatino el mío, se me olvidó darme la radiación térmica, para tostarme un poco más”.

Avanza a toda velocidad por la amplia carretera convencida de su triunfo, sonríe pensando en la cara de Arklie cuando la vea, tiene que encontrar una buena pareja; piensa en Astory, baila bien, es apuesto. “Voy a llamar a Astory”. Aprieta un botón y se enciende una luz roja. “¿Que…? ¿No hay carga?”.

No, no puede ser, si el carga automáticamente. ¿Qué
pasa?, ¿qué pa…sa?, ¿q…qué pa…sa? grita con voz ahogada.

El auto sigue avanzando lentamente, como por inercia.

No puede ser, no, no…

Afuera la noche oscura, implacable. La música se va apagando, se va apagando.

¡Ay de mi! ¿Por qué tiene que pasarme esto?

Finalmente el vehículo se detiene. Afuera todo es oscuridad, todo es silencio. La carretera está desierta.

¡Muévete!, ¡muévete!, muéveteee… por favor muévete.

Siente como una gota de sudor le corre por la frente, saca su pañuelo perfumado y se pasa la mano temblorosa por toda la cara.

El aire, el aire tampoco funciona. Mira hacia todas
partes asustada.

Si pasara algún carro comienza a apretar el claxon desesperadamente. Está sola en medio de la noche. ¡Sola! Se lleva ambas manos a la boca.

Que oscuro está todo.

Comienza a sentir como el sudor le corre por la cara, se pasa el pañuelo por la frente, se siente sudada. Semira en el espejo y percibe a través de las penumbras un rostro demacrado, vuelve a presionar el claxon pero esta vez no se escucha nada; sólo el imperturbable silencio de la noche lo llena todo.

¿Si viniera alguien? Mira a todos lados, sólo la inmensa carretera desierta.

Si pudiera salir La idea de salir al exterior, la horroriza aún más

Pueden haber salteadores, esa gentuza es capaz de violarme o … de asesinarme.

El calor comienza a hacerse insoportable, siente como el vestido se le pega a la piel. Un sentimiento de horror comienza a invadirla.

Ya la fiesta tuvo que haber empezado, a lo mejor al ver que no he llegado me vienen a buscar.

Comienza a alisarse los cabellos con los dedos.

¿Pero, y si no vienen?… ¡Y si no vienen!. ¿Qué será de mi entonces?… Vendrán, yo sé que vendrán.

Una fina lluvia comienza a caer sobre el auto, mientras sombras deformes deambulan por la carretera. Ella suda copiosamente, instintivamente sin quererlo se mira al espejo, allí está su rostro desfigurado por la penumbra, como una visión del mas allá. Comienza a morderse la uñas desesperadamente, ya no percibe aquel delicado perfume, el aire comienza a viciarse. Afuera las nubes se aglutinan ennegreciendo aún más el tétrico paisaje. Sólo los relámpagos se atreven a romper el oscuro silencio de la noche.

Y ella esta ahí sola, a merced de ese espacio negro; amenazador. Siente unos deseos inmensos de gritar; ya no puede aguantar más, y llora. Las pestañas comienzan a desprendérsele. Lanza un gemido.

Ayúdenme…

Las manos le tiemblan, su corazón late apresuradamente,
la respiración se le dificulta.

Me estoy orinando, tengo que aguantar, no puedo salir, no puedo…

Un relámpago ilumina la noche, liberando las más horribles visiones.

¡Oh!… ¡no!, ¡no!. Siente como un líquido le corre por los muslos y ese olor, ese desagradable olor… se lleva el pañuelo a la nariz, mira el reloj, las tres de la madrugada. Desesperada la emprende a golpes con el timón. Por un momento piensa abrir la puerta y echar a correr, pero el miedo la paraliza; se siente presa de algo horrible, afuera llueve. Se derrumba sobre el asiento, luego rueda hasta apoyar ambas rodillas sobre el piso del auto; así queda, indefensa, con las manos crispadas sobre el cabello, emitiendo constantes sollozos.

Amanece, pero ella permanece allí, de rodillas, recostado su cuerpo sobre el asiento. En su mano derecha tiene un mechón de cabello. Un olor a excremento flota en el ambiente.

Un carro patrullero se detiene. El vigilante se acerca y abre la puerta.

¿Qué le pasa?

¡Váyase!, no se acerque dice ella sin volverse.

Hizo ademán de tocarla pero siente el fétido olor que brota del auto.

Está bien, me voy.

Se aleja, se introduce en el carro patrullero y resopla. Luego respira profundamente y aspira el aire perfumado. Toma el teléfono.

Aquí 007 llamando a la comisaría.

Aquí la comisaría.

Acabo de encontrar una mujer encerrada en su auto y no quiere salir, debe estar loca, está sucia y apesta.

Lo de siempre, un carro descompuesto. Llama al centro asistencial para neuróticos y que ellos vengan a recogerla. Ese no es problema nuestro.

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Acerca de Alejandro Madruga

Licenciado en Cibernética Matematica. Trabajo el tema de la Inteligencia Artificial desde 1986. He publicado articulos y ensayos sobre la Cibernetica y las tendencias tecnologicas. También he publicados narraciones de ciencia ficción
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